Mirko Lauer.
Una frase de Antolín Huáscar, presidente de la Confederación Nacional Agraria, en el sentido de que bloquear carreteras es la única manera que tienen los campesinos de hacer sentir su protesta, debería movernos a reflexión. Pues la frase tiene una gran dosis de verdad. No existen casi medios, ni políticos, ni estructuras de poder dedicados a la defensa de la gente del campo.
A pesar de haber sido elegidos por el sistema de distrito múltiple, solo hay un puñado los congresistas concientes de que también representan a los agricultores y de que tienen un compromiso político con ellos. Para una mayoría de medios los agricultores que no son también industriales o exportadores, o por lo menos ex hacendados, simplemente son ajenos al sector privado.
Como si esta marginación (con sabor a castigo por la Reforma Agraria) de hecho no bastara, los gobiernos nombran ministros claramente orientados a defender la agroindustria, pero sin mucha relación con el resto del agro. Ni el partido de gobierno ni los de la oposición pueden ser llamados siquiera parcialmente agraristas. No sorprende que un agro popular que ha sido puesto en la calle bloquee carreteras.
El actual ministro de Agricultura, agricultor moderno él mismo, parece vivir en el mejor de los mundos. El pasado miércoles 13 estaba convencido de que no habría paro agrario, y lo declaraba. De paso, fuete deflacionario
en mano, le pidió a Indecopi investigar si hay alguna concertación de precios en los mercados que explicaría los aumentos de precios de los alimentos.
El día anterior había dicho que no había razón que justificara un paro agrario porque, entre otras cosas, los precios de los productos agrícolas "están buenos". Pero luego no se supo si buenos en su lenguaje quería decir inflacionados o ilegalmente concertados. Cuando Jorge del Castillo tuvo que entrar en escena, ya era demasiado tarde, y el paro se dio a pesar de los acuerdos logrados.
¿Por qué los agricultores de la protesta no pueden moverse en torno del Estado como los demás empresarios del país? No hay respuesta sencilla para esto. Pero viene rápido a la mente el sentimiento de que los agricultores han sido arrinconados en una suerte de sótano del capitalismo peruano, como agentes económicos de segunda categoría, y que muchos de ellos incluso colaboran con esto.
Lo cual determina que quienes son en conjunto los principales propietarios del campo peruano tengan que recurrir a las tácticas de un proletariado desorganizado, es decir sin poder de negociación. Están, política y económicamente hablando, ubicados en el tercio inferior del agro. ¿Qué dirían de esto los presidentes regionales?
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